VIVIR CON ESCLERÓSIS MÚLTIPLE.
Todo comenzó por una simple "sensibilidad extraña" en mi mano derecha...
Estaba esperando el tren subterráneo en una fría, fétida y desolada estación de en Newark, luego de salir de clases en una universidad en Orange.
Junto a mi se sentó una mujer de origen latino muy mal vestida, delgada y de aspecto muy pobre. Tenía sus manos casi reventadas del frio...mientras yo usaba unos guantes de cuero con forro de piel de borrego, que justo el día anterior me los había comprado en Bloomingdales (un almacén muy caro de New York)...un lujito que me había dado por la navidad de 1980.
No sé si fue por la retorcida figura que las dos representábamos en la escena..., el deso inmenso de hacer "la obra buena del día"...,remordimientos..., qué sé yo!...pero creo que mi verdadera esencia de misericordia hacia los demás (no lo digo por vanidad), pero que empecé a sentir por mi primero...que de un sólo impulso me saqué apresuradamente mis guantes y de una se los dí a aquella mujer que trataba de calentar sus manos entre sus axilas, cruzando sus brazos.
Ella abrió sus grandes, negros y expresivos ojos de manera exagerada que de pronto y por un instante casi de medio siglo...tuve temor por su reacción negativa ante tan "noble" y "desmesurado" acto de bondad...y lo único que dijo fue: "...uau! pero si son de piel genuina! te deben haber costado una fortuna, no chica no los puedo recibir..." y casi antes de que ella terminara la última sílaba de sus palabras, le contesté: "...son tuyos...tengo otros en mi casa y todo es cuestión de llegar pronto a mi destino..., Feliz Navidad y póntelos antes de que haga más frio". Ella lo hizo sin pensar dos veces e instantáneamente de cerrar el broche del guante derecho sentí el abrazo más cálido que seguramente yo estaba necesitando ésa noche...
Camino a casa, lo único que sentí fue verguenza por mí misma, por el hecho de haber comprado unos guantes de casi $100 dólares y más aún por el comprobar cada vez más que la miseria humana, la pobreza extrema en que vivimos por unos instantes...el día anterior, en ése lujoso almacén, me había olvidado que yo también formaba parte de la peste de humanidad que sólo piensa en sus propios deseos de lucir algo que seguramente, no estaba tampoco a mi alcance...
Llegué a casa dónde me esperaba mi familia de ése entonces...mi hermana, mi cuñado y mis dos sobrinitas y lo único que quería hacer era acostarme a dormir y no pensar siquiera que si mis guantes realmente abrigarían las manos de ella o de pronto podrían servir como mercancia a cambio de algunas monedas para su comida...o de su familia....o de sus hijos...o quizás de su madre...no sé...
Al día siguiente cuando me desperté, sentí en mi mano derecha una sensibilidad extraña, como de quemado, y especialmente el dedo índice...no le puse mucha atención...supuse era el intenso frío de ése tremendo invierno.