VIVIR CON ESCLEROSIS MÚLTIPLE 3
El tiempo transcurría casi sin darme cuenta. Con los altos y bajos que te dá día a día la vida.
Mi vida amorosa era buena, sana...casi perfecta...
En definitiva y más que segura estaba y estoy de que no nací para formar mi hogar, mi vida sentimental en pareja unida por simples formalismos que nos impone una sociedad. El amor debía primar ante todo y ante todos y si estaba junto a un hombre que hacía de mi existencia feliz, qué más podía pedir?
El tratamiento que hice con la cortisona, pese a los problemas ya mencionados, había tenido su efecto positivo, pues por un tiempo pude gozar de mis actividades sin mayor novedad...
Nadaba todos los fines de semana, trotaba alrededor del Parque de la Carolina, jugaba basket, y hacía todas las actividades domésticas en mi casa. Comía sano, me volví vegetariana por 18 años y ése tipo de alimentación me salvó de muchas cosas feas en un futuro que yo no sabía debía afrontar. Dentro de ésas actividades tuve la disciplina de todos los días en las mañanas y en las noches hacer una rutina de ejercicios de 10 tipos de ellos, 100 veces cada uno, dando un total de 1000 por mucho timpo.
En el año de 1983 empecé nuevamente a tener problemas con mi salud y lógicamente volví al mismo HCAM y al mismo médico "especialista" y "excelente" y todo empezó de cero. Los mismo exámenes: TAC (simple y contrastada) arrojando los mismos resultados de tiempoa atrás....
Dios mio! sería que nuevamente volvería al infierno del cual yo creí haberme liberado? Acaso volvería a sentir los mismo problemas en mi organismo? Acaso volvería a tener los problemas laborales y las miradas de los demás...unas con compasión, otras con lástima y algunas con morbo malintencionado? y algunas con apoyo y esperanzadoras?
Empecé con fisioterapia que me había recomendado uno de los tantos médicos que me asistían: el traumatólogo y algo de alivio empecé a sentir, pero no apagaba ésa angustia, ésa desolación y tristeza que empezaba a sentir. Una tristeza tan grande, tan profunda que empecé realmente a sentir "miedo". Una sensación que no le deseo a nadie, pues creo que es un estado que empieza a paralizar tu cuerpo y tus sentidos...En el fondo creía que ése "alivio" sería temporal...sexto sentido? premonición? tampoco sabía...La cuestión era que mi vida se había convertido en una verdadera interrogación de minuto tras minuto, segundo tras segundo, sin imaginarme que se convertiría en año tras año!
En efecto, ése alivio fue temporal. A los pocos meses de éso empecé nuevamente a tener problemas en mi trabajo y ya mi problema de salud en parte estaba afectando mi vida sentimental, pues mi pareja que estaba casi todo el tiempo junto a mi, porque incluso compartíamos el mismo lugar de trabajo, empezó a preocuparse pues todos los exámenes, placas, radiografías y más no arrojaban ninguna afección física...entonces...mentalmente yo estaba "desubicada".
"Desubicada" para los demás pero no para mi, pues cada día yo me sentía segura y "cuerda" de que lo que me sucedía no era fruto de mi imaginación, sino que ahí estaba el malestar, el problema, la enfermedad, la molestia, el dolor, la sensación y la pérdida de fuerza que cada vez más se acentuaba en mi mano y ahora brazo derecho. Yo lloraba desconsoladamente en el silencio de mi dormitorio o con bullicio de mi equipo de música. Quería gritar sin que nadie me escuche, pues entonces si dírian: "se volvió loca"...estado que hasta llegue a preferir en algún momento de mi angustia.
No podía, es más "no debía" engañarme más y reconocer que mi salud se deterioraba cada vez más y decidí volver al "médico neurólogo" pues el traumatólogo ya no podía hacer más en mi "caso". Antes de mi nueva cita con el Neurólogo decidí buscar la ayuda de una amiga siquiatra y solicitarle me ingresara en el piso de Siquiatría para poder descansar un poco, de pronto tener terapia de apoyo sicológico, dormir, relajarme, llorar, conversar, desahogarme y así alivianar de alguna manera todo lo que estaba oprimiendo mi estado de ánimo. Estuve ingresada 15 días y de verdad me sirvió para poder darme cuenta con mejor claridad lo lejos que estaba de convertirme en una siquiátrica y lo más lejos aún que estaba el séquito de médicos a cargo de mi salud. Realmente estaban más perdidos que un oso polar en Africa, pero cómo yo poder decirles que estaban equivocados y que yo sufría de algo y que ellos no estaban en capacidad de dar con mi real problema...qué va! si ellos son la "vaca sagrada", así de simple.
Decidí mejor reintegrarme a mi trabajo y cuando fue mi primer día de oficina la gente me saludaba con cierto recelo o me daban "palmaditas" en mi espalda, dándome la bienvenida y deseándome pronto alivio a mi problema...PALMADITAS, ésas que te dicen a gritos: "tranquilita", "tranquilita" por si acaso no vaya a reaccionar con un quejido o un rugido de "loca". No sabía en un inicio cómo reaccionar hasta que en un instante decidí mejor "relajarme de verdad" y disfrutarlo sin bronca ni relajo...a la final no podía hecharme de enemigos a quiénes tenía que ver todos los días y de alguna manera u otra compartir mi "enfermedad".
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